Congreso de Innovación y Métricas de Intangibles

Tabla de contenidos

¿Qué valor tienen la comunicación, la marca o la reputación para una organización? Y, sobre todo, ¿cómo podemos demostrarlo?

Estas fueron las cuestiones que marcaron la conversación durante el VII Congreso de Innovación y Métricas de Intangibles de Corporate Excellence, donde profesionales de distintos ámbitos compartieron experiencias y reflexiones sobre la evolución de la gestión de los intangibles en un contexto marcado por los datos y la inteligencia artificial.

Más allá de las herramientas y metodologías, hubo una idea que se repitió de distintas formas a lo largo de la jornada: medir no consiste en acumular datos, sino en utilizarlos para comprender mejor lo que ocurre y tomar mejores decisiones.

Medir para entender, no solo para demostrar

La medición de los intangibles ha dejado de ser una cuestión vinculada exclusivamente a la comunicación o al marketing. Marca, reputación, confianza o relaciones con los grupos de interés tienen una influencia real en el negocio y, por tanto, deben formar parte de las conversaciones directivas de la organización.

Pero para ocupar estos espacios, no basta con presentar un indicador, también es necesario entender qué significa, ponerlo en contexto y, sobre todo, saber qué podemos hacer con esa información, ¿para qué estamos midiendo? La pregunta deja de ser únicamente «¿qué dicen los datos?» para pasar a ser «¿qué nos permiten hacer?».

Esta forma de entender la medición también cambia la conversación de los equipos de comunicación con la dirección. Cuando los datos se conectan con los objetivos de la organización, ayudan a justificar decisiones, priorizar recursos y entender el impacto del trabajo realizado.

La reputación como parte de la gestión de la empresa

Otra de las ideas presentes durante el Congreso fue la necesidad de entender la reputación corporativa como un activo transversal, que no pertenece únicamente al departamento de comunicación, sino que se construye a partir de la realidad de la organización, de cómo la perciben sus grupos de interés y de cómo estos responden a esa percepción. Por eso, medirla requiere mirar más allá de un único indicador y conectar diferentes perspectivas.

Mantener o construir una buena reputación implica dar un paso más: un dato o hito aislado aporta poca información si no sabemos cómo interpretarlo. Una posición en un ranking, por ejemplo, puede ser relevante, pero su verdadero valor aparece cuando permite identificar qué está funcionando, qué necesita mejorar y qué decisiones pueden tomarse a partir de ahí.

En este sentido, marca y reputación no funcionan de manera independiente. Se retroalimentan y comparten un objetivo: contribuir a generar confianza y favorecer el crecimiento de la organización.

Anticiparse al riesgo requiere algo más que datos

La gestión de la reputación también estuvo vinculada a otra cuestión cada vez más relevante: la capacidad de las organizaciones para anticiparse a los riesgos.

Contar con información permite detectar señales y comprender mejor determinados escenarios, pero anticipar no significa predecir. Significa disponer de mejores datos y de mayor contexto antes de que un riesgo llegue a materializarse y, en caso de que se produzca, haber diseñado las mejores acciones y herramientas para mitigar daños.

Aquí aparece uno de los equilibrios más importantes que atraviesan la gestión de intangibles: la tecnología puede ayudar a procesar información y detectar patrones, pero el criterio profesional sigue siendo necesario para interpretar la situación y valorar su gravedad.

Por eso, la cuestión no es únicamente qué datos tenemos, sino para qué los queremos utilizar y qué acción debería desencadenar esa información.

La inteligencia artificial también cambia la forma de construir reputación

La llegada de la inteligencia artificial introduce, además, un nuevo espacio en el que las organizaciones necesitan cuidar su posicionamiento.

Si las personas recurren cada vez más a herramientas de IA para buscar información, comparar opciones o tomar decisiones, estas herramientas se convierten también en un nuevo punto de contacto con las marcas. En este contexto, adquieren todavía más importancia elementos que ya estaban en el centro de la gestión de la reputación: la consistencia, la credibilidad, la autoridad y el reconocimiento externo.

El reto ya no es únicamente conseguir que una marca sea recordada, sino construir una reputación suficientemente sólida y coherente como para ser reconocida y recomendada también en estos nuevos entornos, no solo apareciendo como los mejores, sino asegurándonos de que nos recomiendan dentro de los sectores que queremos liderar.

El verdadero valor de los intangibles está en las decisiones

Si hubiera que resumir las principales conclusiones del VII Congreso de Innovación y Métricas de Intangibles en una sola idea, sería esta: los intangibles adquieren valor cuando ayudan a las organizaciones a tomar mejores decisiones.

La medición, los datos y la inteligencia artificial ofrecen nuevas herramientas para comprender la realidad de una empresa, anticiparse a determinados riesgos y demostrar el impacto de la comunicación. Pero el verdadero reto sigue estando en saber interpretar esa información, ponerla en contexto y convertirla en conocimiento útil.

Porque, en un entorno en el que cada vez tenemos acceso a más información, el valor profesional no está solo en saber medir, sino en saber qué significa aquello que medimos y qué decisiones nos permite tomar. Y ahí es donde la comunicación tiene todavía mucho que aportar: conectando datos, contexto y conocimiento para ayudar a las organizaciones a entender mejor su realidad y avanzar.

Compártelo

Publicaciones recientes

Newsletter

La newsletter de negocio y reputación en el sector legal.

Suscríbete gratis y accede al contenido más útil para entender y dominar este sector.